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lunes, 19 de diciembre de 2022

EL GOLEM

 


Según una leyenda, el rabino Loew construyó una gran figura de barro que estaba al servicio del barrio judío. Para darle vida, escribía sobre su frente la palabra hebrea Emet, que significa vida. Pero, posteriormente, el Golem escapó a su control y provocó una ola de violencia con múltiples víctimas. Para destruirlo, el rabino suprimió la primera letra escrita en su frente, con lo que quedó Met (muerte).

“El Gólem”, novela escrita por Gustav Meyrink y publicada en 1915, cosechó rápidamente un gran éxito vendiendo miles de copias. Fue  prohibida dos veces en Alemania, una de ellas bajo el nacionalsocialismo, lo cual nos indica que se trata de una simple obra folclórica.

Si alguien espera encontrar El Golem en las páginas de esta novela se desencantará. Meyrink escribe una novela sobre el barrio judío de Praga, retratado como un extraño laberinto donde sus habitantes casi se atropellan de la proximidad un tanto claustrofóbica que propone el autor. Las habitaciones sin salida, los espacios compartidos, personajes que entran y salen de manera continua… nos generan una sensación de inquietud.

El personaje principal, Athanasius Pernath, un tallador de diamantes sin memoria, debido a un tratamiento de hipnosis, nos hace dudar de manera continua si se halla en completo estado de razón. Los sueños se cruzan en su camino, así como los discursos y conversaciones extrañas. No tenemos claro si los hechos que se narran son reales o responden al delirio del personaje. Hemos de tener en cuenta que la trama busca una confusión que, decididamente logra.

Es una novela sorprendente, yo diría que inesperada, y desconcertará a más de uno. Entre sus páginas se desliza la imagen del Golem, una imagen que permanece en el subconsciente colectivo de los judíos.

La galería de personajes forman parte del arquetipo de la visión que tenemos de los judíos: el prestamista avaro, el estudiante tísico y vengativo, el rabino que posee el conocimiento, su hija hermosa e inocente, etc.

Probablemente, la actualidad de esta novela radica en la imagen de un ser que funciona como un autómata, sin control de sí mismo. Todo esto no deja de ser una alegoría de nuestro mundo donde funcionamos como seres alienados para realizar unos trabajos y actividades que muchas veces ni controlamos ni hemos decidido por nosotros mismos.

Luis Bolívar

viernes, 16 de diciembre de 2022

LIBROS LLAMAN A LIBROS

 


«Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí»

Esta es una cita de “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco. ¡Y a fe mía que he darle la razón! Me hallaba reflexionando sobre algunos aspectos de la novela que estoy escribiendo, la cuarta de una saga, cuando me vi obligado a salir disparado de la cama y dirigirme hacia mi biblioteca para buscar “El Golem” de Gustav Meyrinck, que había adquirido en una tienda de libros de ocasión. La intuición me dijo que necesitaría leer esta obra para adentrarme en la manera de pensar, en los mitos y el entorno del pueblo judío (en este caso, del gueto de Praga).

Yo tengo por costumbre crear los personajes, darles forma con una manera de pensar, con unas circunstancias y un entorno adecuado a cada uno de ellos. De repente, me sorprendió uno de los personajes de mi nueva novela diciendo que “El conde de Montecristo” era su libro de cabecera. ¡Pues nada! Ya me veis recurriendo a mi biblioteca para buscar esta novela de la que, he visto varias películas, pero que nunca había leído.

Por último, a uno de mis personajes principales, no se le ocurrió otra cosa que visitar el Mercado Dominical de Sant Antoni de Barcelona, un mercado de libros de segunda mano que existe desde 1936. Fruto de su paseo por el mercado fue la colecta de varios libros. Entre ellos, “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens.

Pues no me queda otro remedio que leer estos libros para saber qué es lo que se traen entre manos los personajes de mi próxima novela.

¡Y yo que creía que era el autor!