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martes, 22 de marzo de 2011

Jugando en la playa


Observando la inmensa llanura húmeda que forma el mar ante tu presencia, con el incesante movimiento ondulado de su lomo y ante el continuo ir y venir de las olas no puedo dejar de pensar lo ajena que estás ante las inquietudes de los que te rodean.
Tu sabiduría reside en tu tranquilidad y alegría que transmites con cada uno de tus gestos y en cada una de tus acciones. Ignorante de las envidias y rencores que, desgraciadamente de forma bastante habitual, llenan los corazones de las personas que nos consideramos adultas tú te dedicas a jugar con el agua.
Todo tu tesoro se reduce a la sensación del sol calentándote el cuerpo, a la percepción del líquido elemento que remoja tus pies, salpica tu cuerpo y extiende la impresión de que la frescura que lo caracteriza no es impedimento suficiente para que puedas entrar y salir continuamente de él.
Los gritos acompañan tus actos y encuentras en ellos un elemento motivador para crear una atmósfera apropiada que permita imaginar un juego donde tu continuo enfrentamiento con el mar se convierte en un elemento necesario para convertir el recreo en un acto teatral y la playa en el mejor de los escenarios.
La pasión que destila el juego que realizas provoca miradas comprensivas de los paseantes y los turistas que, con un poco de envidia, recuerdan el momento en que ellos eran los protagonistas en sus épocas más pueriles donde la candidez contaba con un valor añadido. 
Indiferente al resto del mundo no necesitas de la aceptación o comprensión de los demás para darte cuenta que estás viviendo un momento maravilloso. Solamente aceptas la participación en tus juegos de tus hermanos a los que haces cómplices de tu divertido esparcimiento.
Tu madre y yo contemplamos con el rostro arrebolado aquella escena tan idílica y la disfrutamos con la  misma sensación que nos hubiera producido hallar un tesoro escondido siendo conscientes de que esos milagrosos hallazgos son de una escasa frecuencia pero de una gran generosidad.

lunes, 21 de febrero de 2011

Jugando con el agua


Junto a la iglesia de la Mare de Déu de la Roca de Mont-roig del Camp encontramos una puerta cuyo paso parece guiarnos a un mundo fantástico como si del país de las maravillas de Alicia se tratara.
            Superada esa primera impresión de entrar en un lugar secreto hallamos un espacio donde el suelo, de piedra gris, contrasta con las rojas tonalidades de las paredes, fruto del colorido del terreno que domina el espacio circundante.
            La pica de piedra que se halla en mitad de la estancia domina el espacio con su presencia. Parece ejercer una fuerza de atracción sobre Núria que, sin dudarlo un instante, se dirige hacia ella arrastrando su pequeño muñeco de trapo convertido en improvisado cómplice de las circunstancias del momento.
            Núria observa la pica y, con gran curiosidad propia de un espíritu inquieto y creativo, comienza a dibujar figuras en el agua. Convertida en improvisada artista observa, con fascinación, las imágenes en movimiento que surgen de aquel espontáneo acto artístico.
            Ondas, figuras sin una forma concreta pero con un gran valor simbólico para la artista comienzan a aparecer bajo la maestría con la que, enérgica a momentos, suave en otras ocasiones y, sobre todo persistente, dirige su obra de manera segura y confiada en sus posibilidades.
            Tras un espacio de tiempo limitado en que, ensimismada, ha contribuido a crear unas mágicas fantasías, el retorno a la consciencia parece inevitable. Es entonces cuando observa el muñeco, que había estado abandonado en el suelo, lo coge y, con una complicidad recuperada, decide adentrarse en aquél territorio inexplorado para obtener nuevas y fantásticas experiencias.
            Mientras observas, con curiosidad, cómo intenta subir las irregulares escaleras de piedra que están recortadas sobre el terreno, valoras en su justa dimensión la escena que acabas de presenciar  y te das cuenta de que el agua ejerce una influencia encantadora, casi mágica sobre los niños. Por otro lado piensas que, algunos de los momentos más fascinantes que tienen lugar en la vida de una persona se dan en la infancia, cuando el raciocinio y la lógica no han impuesto su dictadura sobre el libre ejercicio de la creatividad mostrada por un alma libre.