Mostrando entradas con la etiqueta Lluís. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lluís. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de diciembre de 2014

L'illa del safrà


Una illa és una zona de terra ferma, més o menys gran, rodejada totalment per una massa d’aigua, i d’una grandària més petita que un continent. D’altra banda, el safrà és una planta conreada del gènere Crocus dins la família Iridàcia i també l’espècia que s’obté de les parts femenines (estigma i estil) de la flor d’aquesta planta. Paraula de wikipèdia.
Si ens atenem a aquesta descripció que, com acostumen a ser totes aquelles descripcions, enciclopèdiques i un tant asèptiques, hauríem de deduir que ens trobem en un lloc aïllat, rodejat per un entorn difícil de travessar i on els seus habitants, es dediquen a plantar crocus sativus per tal d’obtenir un producte depurat com és el safrà.
Dit d’aquesta manera, sembla una mica estrany dedicar unes paraules a aquesta tribu tan curiosa com són els habitants de l’illa del safrà, dignes exemples per sortir qualsevol dia en un documental de la 2 o del 33 després del telenotícies.
Però vet aquí que, si ho penses bé, no va tan desencaminada la descripció de la wikipèdia  per tal de definir aquests elements tan particulars que poblen aquell petit territori. Un espai envoltat per un ambient molt espès i, fins i tot hostil de valors i interessos diferents, que no formen part de la cultura dels habitants de l’illa. Aquests, només entenen de la generositat, de l’amistat, de l’ajuda i de l’altruisme.
D’altra banda, el safrà, resulta una espècia conreada amb molta cura, amb la finalitat d’extreure d’ella el màxim profit a nivell colorant i medicinal. De la mateixa manera aquells curiosos habitants de l’illa són conreats amb molta cura per una infatigable jardinera, la incombustible Agustina de la Mancha, per tal que aquells colors, aquelles formes i aquelles creacions que hi són a dins del cervell d’aquesta  bona gent  puguin manifestar-se de forma física i generar unes obres riques en creativitat i conceptualitat . Unes obres que puguin representar les capacitats i possibilitats artístiques dels habitants de l’illa, generant un entorn ric en aquells elements que fan de la convivència un art i de la creativitat una necessitat.

                                                           Lluís Bolívar

domingo, 15 de mayo de 2011

Hablando al oído


           Un día soleado nos acompaña en la excursión que hemos realizado a las cuadras de caballos de Torredembarra. Una vez aparcamos el coche observamos el continuo movimiento en torno al principal elemento que configura el paisaje: el caballo, amo y señor de tan específico territorio.
            Lluís está contento pues ya sabe cuál es el objetivo de nuestro paseo. No es la primera vez que ha realizado alguna actividad de equinoterapia. La monitora lo acompaña, pues la primera misión consiste en coger aquellas cosas necesarias para poner a punto la montura.
            El animal, un hermoso caballo blanco, aguarda sereno bajo el sol de la tarde a que le acaben de ensillar. Su paciencia es ilimitada pues es consciente de que su trabajo no se ejercitará en la dificultad o destreza a que le someta un jinete experimentado. Serán el cariño y la ternura la base del ejercicio que se perseguirá en esta ocasión.
            Unas manos inocentes recorren su rostro, tapando sus ojos y rozando los ollares. El animal sabe que no puede realizar ningún brusco movimiento, pues esta es una primera exploración desde el más íntimo deseo de conocimiento, sin miedo y sin prejuicios que pudieran enturbiar el instante.
            El vapor de la respiración de équido traspasa el aura infantil. El niño sonríe pues ya se han conocido y están dispuestos a darse más tiempo para poder establecer una más segura conexión interior.
            Desde el lugar en que nos hallamos, tenemos la impresión de que Lluís está susurrando al caballo curiosas historias que este no puede dejar de oír dado el interés que parece despertar en el animal. En el mudo dialogo que mantienen, las palabras ya están dichas a pesar de que no han sido manifestadas, los sentimientos ya están inferidos y, sin embargo, no han sido expresados. Todo ello es indiferente pues, como decía el poeta: “lo esencial es invisible a los ojos”.  Probablemente, también lo es al resto de los sentidos de que presumimos la mayoría de los humanos.
            Una hermosa estampa, fruto de una mutua comprensión, se ofrece a nuestra vista. Lluís comienza a cepillar el caballo entre risas y este parece responderle con un suave pifiar que no hace otra cosa que manifestar el mutuo entendimiento que existe entre ellos.
            El sol desciende sobre el horizonte sin poder evitar enviar un guiño cómplice a los protagonistas de tan curiosa y compenetrada historia consciente de que hay situaciones que destilan una ternura y una magia tal que resultan maravillosas y adquieren el valor de una pequeña y florida planta en mitad de un gran erial.

miércoles, 27 de abril de 2011

aproximaciones


Palabras amables, sonrisas y unos abrazos hallamos al llegar a Vallirana. Los caminos suelen hacerse más livianos cuando sabes que encontrarás recompensa a la llegada en forma de un acogedor recibimiento.
            Mientras hablamos y explicamos los acontecimientos que han tenido lugar desde el último encuentro observamos como Lluís se dirige a la puerta del patio para observar la vista que se percibe desde allí.
            Unas empinadas escaleras conducen a un estrecho patio encajonado entre otros de las casas adyacentes. Al final del patio, una amplia vista muestra la riera y los campos que le rodean. Más allá de esta imagen, la montaña acota el panorama con un verde moteado de pinceladas coloridas que representan las casas dispersas en el medio.
            Sin embargo, no es esto lo que llama la atención de Lluís que, poco a poco, baja las escaleras como respondiendo a una misteriosa llamada.
            De dentro de una caseta asoma un hocico negro al que le sigue el resto de la cabeza. Un perro de tamaño mediano ha ejercido el llamamiento que ha causado la magnética atracción como antaño la profesaban las sirenas ante marineros confiados.
            El niño y el perro se miran mutuamente. El primero, confiado, pues es incapaz de percibir malicia en otro ser. El animal, con una alegría prudente, pues sabe que de un chico con más conciencia que conocimiento ningún daño puede recibir.
            Nosotros, en la distancia, observamos las maniobras de aproximación que realizan. Diríase de un baile por parejas en que ambos están intentando hallar el paso. No hacen falta palabras pues los sentimientos hablan por sí mismos y, a veces, las palabras no hacen más que entorpecer nuestras verdaderas intenciones.
            Un discernimiento intuitivo hace que tanto el niño como el can puedan disfrutar mutuamente de la compañía, manteniendo sus conversaciones en una frecuencia difícil de concebir para el común de las personas que fabricamos una armadura con nuestros miedos, prejuicios e inseguridades.
            Dos seres que no hayan prejuicios porque son incapaces de crearlos. Se miran y, en sus ojos, son capaces de percibir el alma del otro. Ante tamaño descubrimiento se crea un espacio de luz y complicidad donde el mundo exterior pasa a un segundo plano y deja de tener importancia. 


domingo, 10 de abril de 2011

Lluís


            Mientras los demás hablamos y, consecuentemente, tendemos a banalizar las cosas que han sucedido a lo largo del día, tú quedas expectante, captando las intenciones y las emociones que forman la capa más profunda de nuestros sentimientos, estableciendo, de manera intuitiva, un mudo discurso que organizas en tu consciencia.
            Con apariencia ausente, interpretas las emociones que circulan en el ambiente con mayor precisión y discernimiento que cualquier otra persona que domine el lenguaje hablado.
            Una mañana soleada, una buena comida, un paseo en coche y, sobre todo el cariño de los que te rodean configuran el objetivo que te has propuesto cumplir a lo largo del día. Sabes encontrar la satisfacción en las pequeñas cosas que te rodean que, al final, son las más importantes.
            El mañana no existe, el ayer quedó muy lejos y únicamente mantienes en tu consciencia el sentimiento del ahora que te llena el alma de una manera absoluta. Es por eso que deseas que este instante sea el más feliz posible descartando cualquier sentimiento que pueda proporcionar negativas sensaciones.
            Parece que no estás y, sin embargo, estás y mucho, pues siendo consciente del momento presente sabes vivir, de forma completa, llenando cada uno de los huecos de nuestra vida de una energía positiva y constructiva.
            A diferencia tuya, los demás andamos recordando el ayer y padeciendo por el mañana, de manera que nos es difícil saber disfrutar de las maravillas que se nos presentan a lo largo del día ensimismados como estamos por una serie de preocupaciones que lo único que pueden generar es un estado de ánimo ausente para el mundo.
            Los malos recuerdos y experiencias dolorosas recicladas de forma continua producen unas heridas que quedan enquistadas y que dificultan el libre paso de la energía positiva y sanadora necesaria para poder disfrutar de esta vida como lo que es, un regalo maravilloso que nos ha sido concedido.
            La gente ve en ti las dificultades que presentas sin darse cuenta de que éstas son tu mayor ventaja ya que ello te permite disfrutar del mundo sin complejos, de la vida sin preocupaciones, sabiendo encontrar en cada momento la belleza que se halla a nuestro alrededor y que los demás, desgraciadamente, somos incapaces de reconocer.