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domingo, 27 de enero de 2019

ALGÚN DÍA



Algún día
comprenderás
que un corazón roto no tiene fronteras,
que el sufrimiento de un niño es universal,
que la muerte es negra para todos,
y la vida es un bendito regalo.

Algún día
comprenderás
que el futuro no es blanco ni negro,
que no hay colores más importantes que otros,
que un corazón es la suma de todos los colores,
y esta es la base de la esperanza.

Algún día
comprenderás
que la alegría, la tristeza y el amor,
son sentimientos universales,
y no son exclusivos de nadie,
que la lucha y esfuerzos por salvar a un niño
nunca serán en vano,
que no hay niños de primera o de tercera,
sino simplemente niños.

Pero si aún así no lo comprendes todavía,
entonces míralos a los ojos.
…Y algún día comprenderás.
Algún día

Luis Bolívar



lunes, 20 de marzo de 2017

ELLOS ESPERAN EL MAÑANA



Ellos esperan el mañana,
con protagonismo cruel,
sus ilusiones transformadas
en meros recuerdos del ayer.

Sin protección en los pies,
con la indumentaria diezmada,
tienen herida la piel,
y magullada el alma.

Sentados en el frio banco,
mantienen inmóvil la mirada,
ofrecen el corazón descalzo,
esperando el mañana.

Son desheredados de la tierra,
aquellos que nada tienen,
aquellos que todo arriesgan
y por sí mismos se sostienen.

Sin embargo, en ellos yace,
la inocencia de un niño,
la bondad de un ángel,
el conocimiento de un sabio.

Ellos esperan el mañana,
con el corazón descalzo. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

NO LE TEME A LAS TORMENTAS




No le teme a las tormentas.
Por él, en múltiples ocasiones,
ya se ha enfrentado con ellas,
defendiendo sus bastiones,
elevando a las estrellas,
su lucha sin condiciones.

No le asusta la oscuridad.
Por él ya la ha conocido,
la ha sentido en su vida,
en silencio, a veces sin ruido,
sin posibilidad de huida,
otras como sonoro bramido.

No huye de la dificultad,
de enfrentarse a los problemas,
y tener que determinar,
cuáles serán las batallas,
a las que habrá de enfrentar
para derribar las murallas.

No luce arma ni protección,
ni armadura ni recio metal,
ni sistema de contención.
No posee defensa especial.
Decreta por propia decisión
un gran amor incondicional.


Ella es madre y en su condición,
orgullosa muestra las heridas,
de su dura y penosa situación,
de las crueles batallas libradas,
 del triunfo de su buena elección,
que le ha permitido unir sus vidas.

                             Luis Bolívar

jueves, 14 de abril de 2011

Maria


           Te relajas unos momentos y estiras los brazos. Tras unos segundos, te preparas, sentada frente al piano. La concentración se hace patente en tus gestos. Observas la partitura y comienzas a deslizar los dedos por el piano. La música comienza a dejarse oír. Primero de forma casi tímida pero, poco a poco, adquiere un gran protagonismo y las notas se hacen dueñas del ambiente. Casi, como sin querer, te has apoderado del entorno y todas las miradas convergen hacia ti. En cada línea, en cada acorde muestras el dominio de un aprendizaje que no por tener unos grandes resultados ha sido fácil de conseguir.
            La melodía del sonido envuelve y mece los sentimientos de orgullo que nos recorre y me devuelven a una época anterior, donde las inseguridades eran dominantes en tu carácter provocando una enconada lucha para conseguir que asumieras como posibles algunos de los logros que ibas consiguiendo.
            El ritmo alegre de la tonada me transporta a momentos en los cuales no parecías conocer la tristeza, cantando con musicalidad infantil la canción de los reyes magos. Entonces el mundo era sencillo, carecía de matices y todo en él era felicidad. En resumen: Estabas acompañada de los tuyos
            La canción se torna triste. Pronto tuviste que aprender que la situación que tú tenías era distinta de la de tus compañeros de colegio. Tú tenías un hermano diferente y ello hacía que las relaciones con él tuvieran matices que no te habían enseñado ni habías podido ver en programas televisivos. Una vez comenzaste a aceptar la situación tuviste que poner voz a un semejante que no la tenía y dedicaste todos tus sentidos a dar protección a alguien que vino a un mundo sin escudo ni armadura.
            Una alegre cadencia musical se deja oír. Tuviste que madurar de golpe, como maduran los almendros ante unas cálidas temperaturas de febrero, ignorantes de que pueden llegar las heladas de abril y dar al traste con todo el esfuerzo prematuro realizado. Sin embargo supiste disfrutar de las personas que te rodeaban valorando y absorbiendo hasta el fondo de tu alma  todos aquellos momentos que estuviste acompañada. Eras capaz de apreciar la compañía de las personas mayores de la familia, tus abuelos, el tío Antonio, el tío Lino…Escuchabas sus historias sin perder ni un ápice los comentarios que decían. Eras consciente de que ello tenía un valor incalculable y los archivabas en la memoria con gran devoción.
            La tonalidad se torna melancólica. Sin duda, no hay recuerdos más tristes en tu corta experiencia que el de todas aquellas personas que se han ido quedando a un lado del camino. Tú has tomado nota de todos ellos y guardas un recuerdo agridulce que no te impide que la pena y la congoja te dominen. Sin embargo sabes que todos ellos están guiando tu camino y lo están iluminando para evitar que un obstáculo te pueda hacer caer.
            Ahora, las manos se deslizan con gran rapidez sobre el teclado. Tu seguridad es absoluta, tu dominio del tema preciso. Ha sido necesario mucho esfuerzo, superar muchas inseguridades, luchar, a veces, a tumba abierta y sin paracaídas, pero lo has conseguido. Te has tenido que superar a ti misma muchas veces. Algunos no creyeron en ti, otros dudaron. Pero tú has demostrado una y mil veces que la única montaña que no se puede superar es aquella que no empiezas a escalar.
            Con un brusco final, acabas y te levantas. La canción te salió perfecta. Cualquiera diría que parecía fácil. Solo tú sabes las horas que le has dedicado. Una sonrisa ilumina tu rostro y diríase que una luz más potente ilumina la habitación. Tu madre y yo aplaudimos con emoción pues acabas de demostrar, como tantas otras veces, que has podido superar las dificultades. Te turbas y, aunque no lo digas, somos conscientes de que en tu fuero interno  has dedicado esta melodía a unas personas que tienes en el recuerdo y que, sin duda, te estaban escuchando con gran emoción y sentido orgullo.

lunes, 11 de abril de 2011

Tras la reja


            El sol presenta sus credenciales marcando imponente el territorio, pintando con una potente luz todos los elementos del relieve. Su claridad penetra hasta en los lugares más recónditos provocando arañazos y laceraciones sobre las sombras que todavía se manifiestan en el entorno.
            Son pocas las personas que se atreven a circular a tan delicada hora, temerosas de recibir semejante estocada. Solamente aquellos que consideran imperiosa la necesidad de salir de la protección de los hogares deambulan, con objetivo prefijado, intentando minimizar en su salida los daños producidos por el temible astro.
            Por todo ello, resulta cuanto menos sorprendente encontrar una pequeña figura que, con su vestido blanco pintado de rojas flores, parece aguardar paciente a la entrada de la cueva. Sus manos se aferran a la reja de la puerta que ejerce de apoyo y de mudo compañero en la soledad del momento.
            Contemplando el panorama que se presenta ante ella, permanece inmóvil observando el horizonte, como un pajarillo observa el paisaje sabiendo que la  libertad se halla tras la reja.
            Su vista abarca la imagen de la calle de las Evangelistas ribeteada por el montículo que forma la Cruz Misionera. Tras ella, las montañas de la sierra de Castril, flanqueada por la imponente masa que forma la Sagra, presente de forma superlativa en el entorno paisajístico que enmarca el altiplano.
            Sin embargo, su mirada no parece recrearse en el entorno sino que parece un tanto perdida, como si aguardara  la llegada de alguien que le libere de un cierto peso que significa la espera  en su ánimo. Las voces que le llaman desde el interior de la cueva no parecen hacer mella en su consciencia. Diríase que todavía no ha llegado el momento en el que se pueda ver liberada de un misterioso embrujo que la tiene dominada.
            Un ruido que comienza siendo apagado para derivar, a medida que se aproxima el vehículo, en estrepitoso y atronante, se deja oír a lo largo del Barrio de Saliente. Parece ser la señal convenida para que su rostro cambie de expresión. Su mirada se ilumina, sus labios se tornan en una sonrisa y, despegándose de la reja, compañera de su silenciosa espera, comienza a saltar dando pequeños gritos ante el coche que se aproxima a la placeta de la cueva.
            Cuando observo, una vez llego a la puerta de la cueva la pequeña figura que me espera saltando y sonriendo no puedo por menos de pensar que si los ángeles existen, lo más parecido a ellos será una niña con su vestido blanco floreado mostrando su alegría y ganas de vivir. 

martes, 5 de abril de 2011

El baño


         Siempre me llamó la atención su mirada perdida, casi asustada ante el objetivo de la cámara. Nunca supe su nombre y, si en algún momento se me dijo, se perdió como se pierden las cenizas cuando se espolvorean al viento, incapaces de adoptar la forma anterior a su estado actual.
            Una compañera del instituto, tras un viaje a Nicaragua, vino cargada de ilusión y esperanza. Ilusión por la realización de un trabajo solidario en verano donde había colaborado dando clases en una pequeña aldea. Esperanza por la vitalidad de una sociedad que veía el futuro con un anhelo y unas expectativas positivas, derivadas de una situación política más favorable acompañado del ineludible carácter positivo que se asocia a estos pueblos.
            Como era lógico, la susodicha compañera, además de estos sentimientos positivos, también venía cargada de fotografías, imágenes que resumían, como un silencioso legado, su estancia en aquella pequeña aldea.
            De todas las imágenes que pude observar, una me llamó especialmente la atención. Correspondía a la de una niña con unos grandes ojos abiertos, como persianas, intentando captar el mundo que le rodeaba con una mirada cargada de inquietud y asombro ante la persona que le realizaba la fotografía.
            Se hallaba desnuda, dentro de una tina, recibiendo un baño para desprenderse de todo el polvo y el sudor acumulado a lo largo del día. Un barreño, una cazuela y una escoba completaban la imagen ofreciendo una muestra de cuáles eran las condiciones en las que se realizaba el aseo diario.
            El caos que presentaba el lugar contrastaba con la  figura central representada en la niña. Ella, alerta a la situación que tenía lugar, no dejaba de mirar con cierta curiosidad y asombro a la turista. La necesidad del baño era, en ese lugar, un regalo difícil de conseguir pero necesario de ejecutar. Sin embargo, todo ello había pasado a un segundo plano para la muchacha.
            A pesar de ello o, quizás, gracias a ello,  la imagen destilaba una gran dulzura e inocencia que llegaba al corazón. No dudé un momento en pedir la foto para poder realizar un cuadro. En realidad pinté dos veces a una niña de un pequeño pueblo de Nicaragua en el momento de recibir su baño con una expresión que te atrapaba, alerta y sorprendida, expectante pero sin temor. Una mirada difícil a veces de encontrar en alguien que no sea un niño. Sin embargo… Nunca supe su nombre.