martes, 4 de abril de 2023

EL ÚLTIMO MORISCO

 


EL ÚLTIMO MORISCO

DIEGO RAMOS

Decía Chufo Llorens, en una reciente entrevista, que la novela histórica puede ser más educativa que la historia. Es un razonamiento acertado pues la historia puede ser más densa, llena de datos, fechas y conceptos que, lejos de motivar a los alumnos, a menudo los aleja de ella. En cambio, la novela histórica, siempre que esté bien tejida, permite realizar una incursión immersiva en una etapa histórica determinada. Si el autor consigue crear una trama coherente donde los personajes se rijan por usos y costumbres propios de la época, utilicen un lenguaje apropiado a la clase social a la que pertenecen y a la educación recibida, seguramente conseguirá que el lector no solo se adentre en esa época descrita sino que aprenda de la historia sobre la que trata la novela.

Y eso es lo que ha conseguido Diego Ramos en su novela “El último morisco”, donde narra la rebelión de los moriscos. Nos introduce en la piel de Khalil y su entorno familiar y social. Nos hace vivir las vicisitudes sufridas ante los enfrentamientos de moriscos y cristianos. Padeceremos ante los embates de una guerra religiosa pero, al mismo tiempo, fratricida. Y seguiremos los pasos del destierro a que fue condenada toda una población, sencillamente, por sus creencias religiosas y culturales.

Frente a Khalil, nos presenta la figura de Dídac, contrapunto necesario para reconocer que las guerras y grandes desgracias son provocadas por los grandes señores y sufridas por los humildes habitantes del reino. Las vicisitudes de Dídac también sirven de muestra de las dificultades en las condiciones de vida para todos los habitantes de España del siglo XVI.

Resulta interesante ver que, cuando se encuentran los personajes, y se llegan a conocer como personas, las diferencias culturales desaparecen para dejar paso a la amistad. La amistad es una planta que se ha de regar si se quiere conservar, algo que realizan los personajes de la novela a pesar de las dificultades y vicisitudes que los separaran.

Diego Ramos realiza un laborioso trabajo de investigación que dignifica la novela. Vemos crecer a sus personajes y asistimos a un momento trágico de nuestra historia. En la novela presenciamos un sentido homenaje a sus dos patrias: Cataluña y Almería.

La Corona española, en su momento más grandioso, no supo beneficiarse de las riquezas del Nuevo Mundo. Mientras se dilapidaban grandes fortunas en guerras, por otra parte se perdía la riqueza real que consistía en la diversidad de la población del territorio (moriscos, judíos…) por un interés uniformizador que no haría más que empequeñecer el imperio.

Leer el Último morisco es realizar una inmersión a la España del siglo XVI. Tras su lectura no solo disfrutaremos de una trama apasionante, sino que saldremos algo más ilustrados en historia.

                                                                              Luis Bolívar